Ciudad de México. Ir al teatro, al cine o a una función cultural debería ser una experiencia que cualquier persona pudiera disfrutar. Sin embargo, para muchas personas con discapacidad, las barreras pueden aparecer incluso después de haber logrado entrar al recinto.
En la Ciudad de México existe un marco legal que reconoce esta necesidad. El artículo 36, fracción IX, de la Ley para la Integración al Desarrollo de las Personas con Discapacidad de la Ciudad de México establece que debe elaborarse y ejecutarse un programa accesible para promover el pleno goce y disfrute de las artes escénicas y las proyecciones cinematográficas para todas las personas con discapacidad. La adición fue aprobada por unanimidad por el Congreso capitalino y publicada en enero de 2021.
Pero, ¿qué significa realmente disfrutar de un espacio cultural?
Para una persona usuaria de silla de ruedas, no basta con contar con un lugar reservado: también necesita poder llegar hasta él de manera autónoma y segura.
Para una persona ciega o con baja visión, la experiencia puede requerir recursos como audiodescripción e información accesible.
Una persona sorda puede necesitar subtítulos o interpretación en Lengua de Señas Mexicana. Y para algunas personas neurodivergentes, conocer previamente cómo será el espacio, qué ocurrirá durante la función o cuáles serán las condiciones sensoriales puede hacer una gran diferencia.
La accesibilidad, entonces, no debería pensarse únicamente como la posibilidad de entrar, sino como la oportunidad de participar, comprender y disfrutar.
En Lugares Accesibles creemos que esta diferencia importa. Cuando recomendamos un lugar, buscamos visibilizar aquellos elementos que pueden hacer que una experiencia sea más sencilla, autónoma y agradable para distintas personas.
Porque la cultura también se disfruta cuando podemos sentir que ese lugar fue pensado para nosotros.
La accesibilidad no termina en la entrada. La experiencia también cuenta.
